Me acabo de dar cuenta: publiqué #Neopubli hace ya diez años. Donde hablaba, como hablo siempre que alguien me quiere escuchar, sobre la necesidad de comunicar sin interrumpir para así transformar una audiencia en clientes.
He ido a mi librería a por mi copia y la he repasado en diagonal.

En estos 10 años todo ha cambiado en comunicación
- La pandemia arrasó el consumo. Los que trabajábamos en comunicación por aquel entonces, nos vimos zarandeados por una tormenta perfecta que jamás predecimos. Perdimos clientes, otros tuvieron la ética de aguantar y respetar sus compromisos. Pero sobrevivimos.
- A la burbuja publicitaria ha seguido una gigantesca burbuja de contenido, agravada precisamente por el tiempo de confinamiento.
- Las nuevas redes sociales y sus micro-vídeos servidos por un algoritmo han revolucionado el modo de consumir contenido. El rango de atención ha caído a 8 segundos.
- Y con 8 segundos de paciencia a la mayor parte de la población le resulta imposible leer. ¿Solo nos queda el vídeo?
- Finalmente, para algunos, la IA amenaza con matar a la estrella del vídeo. Tal vez no es para tanto…
En resumen, o eres relevante o estás más muerto que nunca. Y la publicidad deja de ser relevante de forma inmediata porque se nutre de la repetición.
Pero realmente NADA ha cambiado en comunicación
Y sin embargo llego a la conclusión tras ojear el libro, de que nada ha cambiado. Porque:
- Nueve de cada diez personas consideramos la publicidad una molestia.
- Muchas de las marcas más grandes siguen pensando como anunciantes. Y como tales, encargan su comunicación a agencias que saben hacer anuncios pero no producir contenido. Ya que ver series en Netflix no te convierte en entertainer.
- Y paradójicamente son las marcas más pequeñas, gestionadas por apenas chavales, las que nos muestran el camino con su comunicación. Aunque el nombre no nos guste porque nos es ajeno: estas marcas han aprendido a Tiktokizarse.
En resumen, sabemos que si no somos relevantes, nadie nos prestará atención. Pero todavía no hemos aprendido a serlo. Estamos demasiado ocupados mirando nuestros ombligos de publicistas.
¡Una marca es muy pobre si solo tiene dinero para acercarse a la gente!
Comunicar hoy ya no es solo mecanizar campañas y firmar un cheque con tu inversión.
Comunicar hoy implica un proceso que dista mucho de ser industrial: conocer, conectar y construir:
- Conocer: escuchar antes de hablar. Descubrir a fondo a nuestra audiencia: data, insights, comportamiento de consumo de contenido. Si la subjetividad de una persona es la que determina por dónde ha de ir una estrategia de comunicación, la cagaremos con toda seguridad…
- Conectar: mostrando una imagen más cercana, incluso imperfecta. Generando experiencias (on y off). Demostrando lo que prometemos, en definitiva…
- Construir con paciencia. Nadie desarrolla amistad con un tercero en 24 horas. Nadie conoce a su pareja a fondo en un instante. Nadie conquista audiencias fieles lanzando campañas efímeras.
Regreso a la estantería a dejar el libro.
Y me emplazo a volver a él en 2034, para comprobar si en los próximos diez años sí hemos sido capaces de avanzar.

