Saca los ojos a tu cliente en cuatro sencillos pasos (¡y sin que se dé cuenta!)

 Capítulo 1. Cuando yo era pequeño los bancos eran unos lugares blindados, llenos de polvo y papelajos donde mi padre acudía para poner su dinero a buen recaudo.  Llevaba su salario al banco e iba disponiendo de él poco a poco durante el mes.  El banco rentabilizaba ese saldo, pero mi padre entendía que era […]